28 oct. 2009

Furtivo.


















La vida es un tigre
que duerme a nuestros pies.
Yo, un árbol que aprendió a caminar,
a escuchar la melodía amordazada de lo ido.



Fotografía – Texto: Diego L. Monachelli.

10 ago. 2009

El ombligo. (V) Y despedida, luego de tres años y mucho andar.


















“Ningún árbol me es ajeno y de todos tengo el habla.
Donde uno more yo tengo patria.”

...

Desperté de un sueño donde no había palabras,
sólo una piedra llorando.

Me recosté sobre la tierra a beber su gracia,
labio, lengua, sal su marea
abriendo mi rostro y sus ventanas.

Ciego de luz
busqué la distancia
y pronto fui cayendo,
gota sonriente,
manantial de tiempo,
lluvia -y ella-
el rostro posible de tus palabras.

...

“¿Qué podría agregar al decirte que el mundo se reduce a tres nombres y un verbo, acaso dos?

Se acerca y todo reluce.

Me tiemblan los hastíos y siento el brío de algo incomprensible.

Creo entender porqué la marea de ideas me trae recuerdos musicales, por que la música ahonda los cielos, tiene la intensidad caprichosa que tienen las cosas que no ostentan nombre y por eso ellas son lo que cada uno sea capaz de imaginar. Acaso las palabras sean un muro. Intentar el hallazgo del adjetivo sería la arrogancia total, al menos de mi parte. Tantas adjetivaciones sublimes he hallado... y a pesar de eso, me sacia pero no me basta.

Quizás por eso buscamos en las palabras lo que nos está vedado en la vida...

Quizás por eso las artes. Pero ¿quién soy yo para meter un dedo sobre esos destinos?
Yo, viejo enclaustrado, renegando de lo que me dota de vida, al menos de aquello que aún está al alcance de la mano.

Ay, Ulises, que fortuna tu silencio - pienso a veces - y me río de mí mismo. Qué insolente artificio, que estéril arrogancia... y otra vez las palabras, imperfectas ellas o torpe mi destreza, nos engañan. ¿Quién? ¿Tu nombre y lo que hay detrás o mi casi infantil intervención sobre esta página?

...

Me nace la risa desde la futilidad de esta certeza... Mi caro amigo, en tus manos queda la soberbia de ponerle nombre y un sentido a esta entrega beligerante... esta fatalidad.”

Del libro “Helmut Brodovsky. Cartas a Ulises”

...

Hasta el reencuentro y buena vida.

...

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli











Banda de sonido del cortometraje “Pasión de los amantes”
del realizador Gabriel Piquet.

Ingrid Bulthe - Oboe
Diego Alonso - Oboe
Karina Katz - Clarinete
Elizabeth Gautin - Fagot
Luís Encina – Bajo
Diego L. Monachelli - Guitarras

10 jul. 2009

El ombligo. (IV)




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Me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos. Tras las cortinas y la carne. Detrás de las ventanas, las puertas y las espaldas. Recorro todas las huellas y todas las veredas. Los rostros, las amplias avenidas y los raquíticos caminitos de tierra.
Me sumerjo en todos los charcos, en las alcantarillas basurales, en los pañuelos lagrimales, en las entrepiernas marítimas y en las pluviales. En las botellas de whisky y en las de mensajes, en los vasos de gin y en los jeans de los tendales.
Me encierro en los aromas cáusticos y en las cáusticas viseras ambulantes, bajo las sombras agonizantes y las agnósticas y las hegemónicas, en los baños públicos y en púbicos baños...

Pero, es inútil, hay días en que las palabras y el amor
se esconden tan bien que por más que
me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos...



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: La palabra.

Una palabra me quema la sien,
agita mi sangre
y golpea, furiosa,
mis dedos adormecidos.


¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

¿Qué extraño conjuro te ha traído
desde lo más oscuro del abismo?


Acaso, ¿debo parirte
como una virgen inmaculada?

Acaso, ¿debo dejarte
atravesar mi piel?

¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

Voces: Paola Di Santo
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Flauta Traversa: Clara Salomón
Guitarra, letra y música: Diego L. Monachelli.

6 jul. 2009

Coincido con mis muertos.


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Coincido con mis muertos
en cada muerte
y festejamos los presentes,
lo muerto y lo ausente,
lo porvenir.

...

Un silencio desigual
y acongojado.
Una estepa en el sentir
y el pensar.

...

Mi sombra corrió hacia el mar.
Escándalo de luz.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Sembrando luz.


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Envilecida la sangre,
demorado el pulso en la distancia...

Una cohorte de sombras va sembrando luz.

Cierro mi voz en tu nombre.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Sobran en el cielo.


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Las sombras callan y se alzan soles
entre las verdades
que se hartaron de ser certezas.

¡Sobran en el cielo las estrellas
sino puedo alcanzarlas
y a cada intento se alejan!


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El viento es mi espejo.

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Tempestad sonriente
Sonrisa de Tempestad
Tempestad de sonrisas
Todo Dientes
Todo Tempestad
...

El viento es mi espejo
el mar
una sombra que sueña la quietud

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

27 jun. 2009

El ombligo. (III)

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Paz, s.
En política internacional, época de engaño entre dos épocas
de lucha.
Política, s.
Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios.
Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Ambrose Gwinet Bierce; Diccionario del diablo.


Engañados por la autocomplacencia nos creemos que con el sólo hecho de exigir ciertas responsabilidades a políticos y religiosos seremos capaces – y artífices- de alcanzar ese estado de Paz, sin darnos cuenta que pasamos por alto un estado previo, más íntimo y accesible en nuestra cotidianidad. Confundimos generalmente, no sólo estas responsabilidades que endilgamos a terceros, sino también la ausencia de guerra como el estado de paz. En definitiva reducimos el concepto de Paz y lo asociamos a cosas que tienden por naturaleza a estar absolutamente lejanas a ese interés. Martin Luther King, Jr. escribió que la verdadera paz es la presencia de justicia. Entonces, antes de la Paz existe la justicia y ¿Dónde comienza la justicia? Quizás suene ingenuo, infantil o reduccionista pero estas y otras tantas ideas, tan abstractas como complejas, comienzan por cada individuo, desde el yo más cotidiano hacia el nosotros más histórico. ¿O acaso sólo puede existir la Paz en la tierra sin que exista en nuestra habitación, en nuestras aulas, en nuestra cocina? ¿Y la justicia sólo se imparte en los juzgados y los cielos? ¿Acaso no se da entre nosotros, en el colectivo, en una vereda cualquiera, en la multitud que avanza?

¿Qué es la paz? Definitivamente es un alto ideal, imprescindible y en el que confluyen muchos otros, al que debemos intentar acceder, pero no lo haremos si no somos concientes al fin de que no se encuentra al final del camino sino que es una forma de andar, que es el camino... y el camino empieza al despertar, al dar el primer paso y de manera tan similar a la vida, que asusta.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli







Banda de sonido del cortometraje “Cambios”
del realizador G. Bos.
Compositor: Diego L. Monachelli.

26 jun. 2009

El ombligo. (II)

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¿Dónde yace lo parido?
¿Dónde lo que amé,
aquello que no sabía de olvidos?

¿Quién despertó a los muertos
que fraguan el pan de mis mañanas?

En cada uno de ellos
mi gesto y todo lo que duele
en cada uno de ellos.

Hubo un río,
en el vientre de tu cama,
hubo un río,
tempestuoso,
luego calma…

En cada gesto,
uno de ellos y ellos duelen
en cada todo,
en toda nada.

¿Fraguan las mañanas de mi pan
a los muertos del despertar?

¿Dónde parir lo que yace?

¡Ay, de los muertos
del pan
de mis mañanas!


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: La caída.

Caen las horas trepando al llanto.
Tu cuerpo azul durmió, claustro de engaño.

Las sombras van a dar al mar,
tu casa al fin se ahogará

De tu noche no podrás despertar,
el cielo gris se te hizo cruz,
los espejos muros
y la sangre estepa.

Las sombras van a dar al mar,
tu casa al fin se ahogará.


Voces: Paola Di Santo
Batería: Javier Puyol
Bajo: Martín de Lasaletta
Guitarra, música y letra: Diego L. Monachelli

12 jun. 2009

El ombligo.

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Porque sí.
Porque es de noche y nos distancia algo, algo como un mar insobornable...
Porque quizás nos sea útil, aunque no sepamos cómo...
Porque la vida es incontenible...
Porque quizás esté buscando una excusa y no exista,
quizás no exista otra cosa que la cercanía, que el sospecharnos...
Porque quizás respire el goce en estas palabras...

Éste es, así será el ombligo.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli


“Quizá sea ya tarde para lo que me propongo: quiero dar la batalla a la vida.
Como todos los desastres de mi existencia me parecen originados por una falta de orientación y por un colapso constante de la voluntad, quiero rectificar ambas desgracias para tener mi puesto al sol como los demás hombres... Quizá lo segundo sea más fácil de remediar que lo primero: hay indiscutiblemente una higiene, como hay también una terapéutica para la voluntad; se curan los desmayos del querer y se aumentan las dimensiones de la voluntad como se acrecen las proporciones del músculo, con el ejercicio, por medio de una trabazón de ejercicios razonados y armónicos. Pero para orientarse... Porque, en primer término, ¿dónde está mi Oriente?

Me he levantado temprano para reaccionar contra la costumbre española de comenzar a vivir tarde...”

Iluminaciones en la sombra.
A. Sawa



Tema: A través de los bosques de la luna rosa.
Percusión: Carlos del Valle.
Guitarra: Diego L. Monachelli.
Compositor: Diego L. Monachelli.

11 jun. 2009

El ombligo. (I)



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Dejarse emboscar por las palabras que intentan delimitar un nombre, lo que hay detrás de él, cuando en realidad lo único que importa es la obra, suele saber a fracaso. Pero en la necedad de la insistencia y las malas costumbres podríamos decir que un tal Diego L. Monachelli nació dos días antes de los últimos fusilamientos en España (Una, Grande, Libre) llevados a cabo por la dictadura franquista, pero lejos de esta patria que hoy lo contiene, en una ciudad feliz - por ignorante quizás - llamada Mar del Plata, en las costas de Argentina.
Ahora es cuando el dedo del fracaso se posa sobre nuestros labios y nos hurga la boca, el silencio. El silencio se nos atraganta en el gesto y congestionados de palabras atravesamos veintiún años de estudios, viajes, excesos y todas las ventanas por las que salta cualquiera que busque la vida en sus fueros. Entonces vemos el primer parto, público y sencillo, De la vida y otros pecados (1997) en el que se adivina ya a un escritor atípico, como diría Luis Loitey (escritor uruguayo) mucho tiempo después, un narrador de la belleza de la desolación, el que abre el reverso de la mirada, esto es; cuando más miramos el entorno más vemos nuestra propia alma. Ya no es el dedo sino el puño, pero resistimos los embates y alcanzamos al segundo vástago agotado de buscar, Ángeles y Demonios (2000), nacido de la poesía y el teatro. Los seguimos, les damos la oportunidad pero los vemos tropezar en los escenarios, desaparecer detrás de los telones.
Ahora escupimos los dientes, volvemos al silencio, rompemos las ventanas y detrás hallamos a Los Gorriones Suicidantes (2006), que se revelan, salvajes, como una horda atípica, inusual y estimulante; vueltos a la vida para provocar una reacción en quien los observe y promover en él la resignificación de lo cotidiano. Y al fin, más cercanos en el sucederse y vivir, el alumbramiento último, Asesinos de Parto (2008), engendrado en la imperiosa necesidad de mutilar la inocencia, de violar el ritmo, de ahondar el verbo hasta que sangre de él lo que oculta.

En todo este devenir hubo, sí, distinciones nacionales e internacionales, antologías hispanas, revistas y un cúmulo de circunstancias, trabajos y etcéteras que difícilmente podrían condensarse en estas líneas. Un tal Diego L. Monachelli. ¿Qué tan distinto será ahora su día o el nuestro después de haber atravesado estas líneas? ¿Cuál es el sabor que nos cierra la boca? Demasiadas las certezas de lo efímero.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: Detrás del Sol.
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Percusión: Carlos del Valle.
Guitarra: Diego L. Monachelli.
Compositor: Diego L. Monachelli.
Arreglos: Juan Pablo Gez Carballo.

2 jun. 2009

CXXII.


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Tendremos las manos necias
y el sudor envejecido.
La generación que nos parió
sufre abismos en el verbo,
posee colmillos en la memoria.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

XLV.



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Trazo un lazo.
No, es un misterio...
Trazo un misterio
en derramarse y ser la noche
y cubrir el mundo
en un gesto...
Trazo un gesto.
Doy a luz al misterio.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Soy todos los ustedes.


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Yo soy tus manos,
sin que sepas bien quién es “tus”
porque soy todos los ustedes.

Yo soy las arrugas que te surcan el rostro como ríos
Los besos que deseas dar aún,
el aire que respira tu cuerpo en mi aire o viceversa.

¿Qué más da la tragedia o el héroe?

El mundo no funciona más que por el malentendido…

y la sangre derramada
es la que nos hace andar…

Acaso un abrazo detenga la eternidad…

¿Cuánto hambre somos capaces de soportar?

Soy la poesía impura que creció en la historia de tu vientre y besar.
La grieta que se abre en tus manos, sin voz, y así cuenta tu historia.

Soy ese retrato de mueca chueca que te precede,
como la sombra de tu ser que es mi pulso y me nombra y es mi pueblo y mi patria.

Soy en la colina de tu nariz, en el jardín de tus ojos,
y en los ojos que observan esa mesa que le creció al ciruelo
y todo el verde que respiran sus pies
y los pies del que ya no está y es.

Soy ese gesto que esconde lo que late y da vida.

Soy los nombres que se nombran para no olvidar, mi raíz y lo que amo
lo único que da vida y es incorruptible…

Así crezco, huérfano en el dolor de tener que abrigar el pulso de la distancia
y no ceder a los violadores del sueño…

Porque el sueño vive y late en lo que soy,
en las calles que camino, en la sangre que añoro y amo
como simiente de mi destino.

Doy mi fuego por ellos y así crezco.

Un día, no muy lejano, volveré a ofrecerles mi primavera
en el invierno de aquella grieta que se abre y se reclama como patria…

Todo es dentro

La patria es lo que uno ama.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

La cabalgadura del insomnio


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En el vientre de la noche
una espuma de pájaros agita los olivos
y busco tu nombre –como siempre-
para cobijarme en él...

Porque tu nombre es la patria que habito
de una manera deshonrosa
y es una corono de flores salvajes
que protege mi sueño.

El aliento cálido de la noche
abre el vientre del beso
y lo escondo en mi ombligo
para que entres en mí
a buscar ese que soy y te lleva consigo...

La luz de la ciudad canta distancias.

Las calles son la cabalgadura del insomnio.

Y tu nombre nace de la luz
que sueña mi despertar
aferrado al sueño que aún no has soñado...

Y nos desconocemos en el tiempo que nos ha colgado arrugas de noche en los ojos.
Y nos sorprendemos en un gesto de espejo, ciego, absurdo, obstinado...
pero necesito llegar vos... o traerte... o irme... pero estar.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

21 may. 2009

Por entre encinas


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Porque se abrió tu nombre
como una lluvia
y a mis palabras
le crecieron flores mudas
que temblaron sonrojadas
ante la gracia nocturna
de tu belleza.

Porque no supe, quizás no sepa nunca,
cómo tramar puentes,
cómo abrirle ventanas a la tierra...

Y por entre encinas
viento y silencio
me marché sin nombrarte...

Y porque los días no cesan
de cantarle a tu gracia...

Por eso regreso,
para decir que tu nombre
esconde la saciedad de la belleza,
que callan ante tu fina curva
las flores y tiemblan.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

3 may. 2009

Mareas de luz.


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Los senderos que buscan
Los árboles que persiguen
Las bifurcadas que unifican
Los progresos que involucionan

Sueño Mareas De Luz

Las pobrezas que enriquecen
Las contaminaciones que purifican
Las pacificaciones que violentan
Las ausencias que acompañan
Los venenos que sanan

Sueño Con La Abolición Del Epílogo
Y Los Prólogos De La Vida.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

CXXXI.


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En esta oscura constelación de soledades,
ahora, lo infinito del ahora se agota.
El endrino manto que cubre al mundo
vuelve atronador el suspiro y se marcha.
No, no se marcha,
se demora tranquilo,
se abandona al infierno que no cesa
y presume claridad.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Persigo el horizonte.


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Cansado de andar,
harto de cimbrar
en la tempestad
de todo lo que fue
y no sabrá jamás
volver a ser.

Cansado de andar,
persigo el horizonte
y todas las voces
quedan atrás.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Lo indecible.


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Fui brioso río,
febril e infatigable devenir
y los sedientos
acudían a mí
en busca de sosiego.

Mi alma comprendió
y fatigó lo indecible.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

A tu genio, mi gracia.


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Yo no sería el que soy de no haber conocido tu patria.

A tu paisajes, mi entereza.
A la gravitación de tu mundo, mi destreza.
A tu genio, mi gracia.

Yo no sería el que soy de no haber conocido tu patria.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

La desolación de la belleza. III


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Vigésima refutación:
Las distancias que nos unen.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

5 abr. 2009

La desolación de la belleza. II


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Decimoprimera refutación:
La sublevación del olvido.

Decimosegunda refutación:
Lo que susurra el viento en las ventanas.

Decimotercera refutación:
Las certezas del silencio.

Decimocuarta refutación:
Los alumbramientos del misterio.
Decimoquinta refutación:
La resignificación de lo cotidiano.

Decimosexta refutación:
La profundidad de la simpleza.

Decimoséptima refutación:
La belleza, un acto rebelde.

Decimoctava refutación:
Abolir los prólogos de la vida.

Decimonovena refutación:
Violar la solidaridad de los imbéciles.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

3 abr. 2009

No.


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No seremos sombras
sino ausencia de luz
soñando resplandores...


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Canción virgen.


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Soy un sueño que despierta,
una canción virgen,
errante y lujuriosa.

Una luz que grita,
perdida, sin saber dónde ir
después del amor.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Resurgir.


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Reclamo la cumbre de tu cuerpo
en el silencio de mi badajo.

Reclamo tu tempestad
de hambriento beso
en la lene corriente
de mi sino.

Ay, de tus espasmos
de mariposa agónica
en el resurgir de la vida!


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Insolente artificio.


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Me va ganando
el silencio
en las palabras.

Sépanlo, amigos:
esto es un insolente artificio.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Consecuencia.


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Soy lo suficientemente egocéntrico
como para creer que soy yo
el que pare los infinitos e indinitos
yo alternativos que se desprenden en cada decisión...

pero ¿si yo fuera la consecuencia?

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

2 mar. 2009

CIII.


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Ay, si pudiera
borrarte de un soplido
la sonrisa.
Ay, si pudiera
alzar un muro entorno a ti
y dejar que allí despierten
la muerte
o
el olvido...


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

LXXXII.


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Nombrar la luz,
destramar tu verbo,
tu nombre.

Sonreír al cielo.

Nombrar la luz
o callar.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El vientre de lo inacabado.


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Asciendo de la noche intempesta
hacia el vientre de lo inacabado.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

L.


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Lo que recordamos del ayer
nos delata,
se nos parece.

Ay, Mariposa ciega que vas llevándome
de la sangre mineral a la madera sonante.

Soy mi voz, esa voz que no cesa,
pero
¿Quién escucha esta voz?
¿Para quién agita sus cuerdas de tempestad?

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

XLV.


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Ay, Luna
que te acercas al mundo
para verte en las charcas…

un tiritar de huesos
te aleja, te espanta.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

...


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…y estruendos, como de guerra, no dejaron oír
el primer llanto de la vida.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Si.


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Si pudiéramos poner un dedo sobre las entrañas de lo humano.
Si pudiéramos deambular por ellas, a través de ellas.
¿Cuántos de nosotros se atreverían?
¿Cuánto, de aquellos que lo hicieran, quedaría intacto?
Incapaces de asumir la vida,
menos capaces aun de asumir la muerte.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

1 feb. 2009

Cotidiana.


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Voy rompiendo los inútiles espejos de la lluvia.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Sedienta máscara.


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Siguiendo el rastro
de mi sombra
me alejé de la luz.
En las entrañas de mi nombre
se ha trocado en abismo
la voz.

Sedienta,
descendió mi máscara
a tu río.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Las entrañas del cielo.


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¿Dónde estará el día, escondido,
el camino, dónde la lenta nube
que pasará sobre nosotros, indiferente?

¿Dónde las raíces que buscan
las entrañas del cielo,
dónde tu palma tendida
y este espectro cobijándose en ella?


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

La desolación de la belleza.


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La desolación de la belleza.

Primera refutación:
Asesinos de Parto.

Segunda refutación:
Predicar lo inaudito.

Tercera refutación:
La voluntad del agua.

Cuarta refutación:
Sembrar tempestades.

Quinta refutación:
La certeza de lo incierto.

Sexta refutación:
La alquimia de lo insomne.

Séptima refutación:
Caracol de luz errante.

Octava refutación:
Noctámbulo en fuga.

Novena refutación:
La contemplación de la nada.

Décima refutación:
La tiranía del crepúsculo.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

5 ene. 2009

Pupila de águila.


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Escuchen al ídolo sin lengua que canta...
Escuchen su canto de jauría
que nutre ignorancia...

Su carne se alza,
sostenida sin alma,
sobre cabezas fétidas
que en su noche sin sueño
ha regurgitado.

Escuchen al ídolo sin lengua
cantar loas
a la piara que afanosa se estorba
marchando alegre al cadalso...

¡Ah, fatigosa miseria,
tu hedor no es lo porvenir¡

¡Ah, miserable fatiga!
Arengar ciegos,
pupilas de águila,
pupilas de águila.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Destreza de suspiro.


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Exigua caravana,
pábulo de la simiente
que engendra el rumbo.

Mohín ágil,
destreza de un suspiro
que nos atraviesa

como una lanza
de antigua prosapia,
como un sueño,
polen del universo...

Algo regresa,
algo que esculpió tumbas sobre sí.

Algo regresa majestuoso,
como si nunca hubiese partido
y nos da vida...
y nos da vida.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El Alba.


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Perder el sueño por el sueño,
abrir fuego sobre la sangre
como un albor incontenible,
parir a cada segundo
la dicha de ser finitos,
perecederos,
inflamables.

Parir a cada segundo
el alba.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El nombre del que fui.


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Lo que susurra el viento en las ventanas,
acaso el nombre del que fui,
su destino errante,
lejano de estas vísceras detenidas.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Hora sin voz.


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En la hora más profunda de la noche,
en esa hora sin voz,
truena la melodía gimiente
de lo que no me atrevo a cantar.

Es el tiempo de la duda
y el no ver de tanta claridad.
Es el tiempo del temor
y no saber...

Debemos andar.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

La simetría del andar.


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Me reencuentro en el silencio,
en la batalla parida por el sueño.
Es otra mi fibra, otra la simetría del andar.
Al parecer el mundo no se distrae.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Fragmento. Carta a Ulises.



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Sin fecha

Debería insistir en la íntima necesidad de entristecerte, de doblegar tu alma, si la tuvieras, y volverla hacia el desasosiego; pero los días me han embrutecido. Como todos, ya no soy el que solía ser, ahora las manos, torpes y desenfrenadas, sólo traman sombras absurdas sobre las horas que me suceden sin pasión ni sentido…
Sí, caro mío, nos hemos perdido, y eso es todo lo que podemos hacer: decirlo, sin buscarnos, y creer que es ésta la manera de hallarnos…
¡Nos aferramos a la vida cuando ya nada nos queda de ella!

Texto: Helmut Brodovsky.
Fotografía: Diego L. Monachelli