27 jun. 2009

El ombligo. (III)

_____________________________________________________


Paz, s.
En política internacional, época de engaño entre dos épocas
de lucha.
Política, s.
Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios.
Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Ambrose Gwinet Bierce; Diccionario del diablo.


Engañados por la autocomplacencia nos creemos que con el sólo hecho de exigir ciertas responsabilidades a políticos y religiosos seremos capaces – y artífices- de alcanzar ese estado de Paz, sin darnos cuenta que pasamos por alto un estado previo, más íntimo y accesible en nuestra cotidianidad. Confundimos generalmente, no sólo estas responsabilidades que endilgamos a terceros, sino también la ausencia de guerra como el estado de paz. En definitiva reducimos el concepto de Paz y lo asociamos a cosas que tienden por naturaleza a estar absolutamente lejanas a ese interés. Martin Luther King, Jr. escribió que la verdadera paz es la presencia de justicia. Entonces, antes de la Paz existe la justicia y ¿Dónde comienza la justicia? Quizás suene ingenuo, infantil o reduccionista pero estas y otras tantas ideas, tan abstractas como complejas, comienzan por cada individuo, desde el yo más cotidiano hacia el nosotros más histórico. ¿O acaso sólo puede existir la Paz en la tierra sin que exista en nuestra habitación, en nuestras aulas, en nuestra cocina? ¿Y la justicia sólo se imparte en los juzgados y los cielos? ¿Acaso no se da entre nosotros, en el colectivo, en una vereda cualquiera, en la multitud que avanza?

¿Qué es la paz? Definitivamente es un alto ideal, imprescindible y en el que confluyen muchos otros, al que debemos intentar acceder, pero no lo haremos si no somos concientes al fin de que no se encuentra al final del camino sino que es una forma de andar, que es el camino... y el camino empieza al despertar, al dar el primer paso y de manera tan similar a la vida, que asusta.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli







Banda de sonido del cortometraje “Cambios”
del realizador G. Bos.
Compositor: Diego L. Monachelli.

1 comentario:

Hipatia de Alejandría dijo...

La tradición zen considera que si vas a cocinar, cocinas; que si vas a limpiar, limpias; que si vas a meditar, meditas. No vale la pena perder energía en procesos mentales que ponen el concepto fuera del ser, para que éste lo predique sin practicarlo.
Es más o menos lo que vienes a decir sobre la paz, que debería practicarse también "en las veredas" (y no sólo de boquilla).

Ay, de este continente que no contiene...