27 dic. 2007

Entrañas del olvido.

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Busco el silencio
En las entrañas del olvido
Busco el silencio
Sueño una canción sin voz
Grávida luz
De sombras y silencio
Vivo dentro del destierro
Que nutre la patria


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

26 dic. 2007

Me refiero a tu muerte.

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Me refiero a tu muerte
y la celebro:
Más allá
está tu verbo,
toda entera estás.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Minúscula herida.

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Seremos una minúscula herida
en la sombra del tiempo.

Un abrirse que se cierra
en el agónico destello
de su voz que muere
sin ser canto.

Seremos una minúscula herida
en la sombra del tiempo.



Daga, tu voz,
tus manos, tu sombra.

Herido, tu día,
tu andar, tu camino.

Fiebre del bronce,
mi ir, mi estar y no ser.

Ardor tu fiebre, fiebre mi ardor,
oscura simiente,
polen del universo
que alumbra lo unívoco,
lo hiende, lo viola
lo bifurca y nos aleja.

Daga tu voz.
Fiebre del bronce
mi ser y no estar.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

24 dic. 2007

Luz mortecina.

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¡Ay, Luz mortecina!
Soy la prolongación inquieta
de mi sombra
Y busco en las palabras
lo que nos está vedado en la vida.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Intentos.

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Nombro al silencio,
me busco en las palabras,
callo la tinta,
naufrago en el mundo.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El polen del universo.

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Se desintegró el mundo al alba
y ha vuelto a ser el polen del universo.

En la palma de la noche
rezagada
ha crecido este jardín de luz
y esta suerte de misterio
que le da vida a la nada.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Simetría.

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Me reencuentro en el silencio,
en la batalla parida por el sueño.
Es otra mi fiebre, otra la simetría del andar.
Al parecer el mundo no se distrae.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Un principio sin sentido.

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Un principio sin sentido
Un deseo sin porqué
Un rumor estremecido
Estremecido el respirar
Un dejarse
Un no ser
Un abandonarse
Sosteniendo en la memoria
Una llama
Un lanzarse entre sus prodigios
Como si fuera mar
Un despojarse
Un no estar
Teniendo voz y manos
Un perder diente a diente
La destreza de la prisa
Un buscarse
Incorruptible
Un saberse incorruptible
En el buscar
Una grieta en el esfuerzo
Pero siempre un no dejarse
En el dejar



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

23 nov. 2007

Alquimia de lo insomne.



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Solsticio de laberintos y nocturnidad.

Besando los espejos me busco.

Lumbre de la certeza insomne,
plegaria para un mundo dormido.

Besando los espejos me busco.

Solsticio de laberintos y nocturnidad,
alquimia de lo insomne.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

20 nov. 2007

Los muertos del pan de mis mañanas.



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¿Dónde yace lo parido?
¿Dónde lo que amé,
aquello que sabía de olvidos?

¿Quién despertó a los muertos
que fraguan el pan de mis mañanas?

En cada uno de ellos
mi gesto y todo lo que duele
en cada uno de ellos.

Hubo un río,
en el vientre de tu cama,
hubo un río,
tempestuoso,
luego calma…

En cada gesto,
uno de ellos y ellos duelen
en cada todo,
en toda nada.

¿Fraguan las mañanas de mi pan
a los muertos del despertar?

¿Dónde parir lo que yace?

¡Ay, de los muertos
del pan
de mis mañanas!

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

14 nov. 2007

Vendrán.


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Vendrán las flores
a preñar tus manos…

si las das.

Vendrán las razones
a poblar tus mañanas,
vendrán, a abrasar tus ojos
y lo que no sabrás jamás…

si lo das.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Voluntad.


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Nada queda atrás,
todo es dentro

y en el equilibrio
de la duda

enciendo los fuegos
que jamás se apagarán.

Nada queda atrás,
todo es dentro

y las heridas
se perdonan
si son fértil
tierra abierta
para sembrar mañanas

Nada queda atrás,
todo es dentro.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Solos.


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Cuando me alejé,
tan lejos como ellos
lo estaban de mí.

Cuando borré mi sonrisa
de sus noches
y mi mano de sus copas,

la ausencia agitó su luz
y los astros lloraron la incomprensión.

…Todos nos quedamos solos…

Cuando comprendí qué tan dentro
llevo lo que no creía mío.

Cuando alcé la mano
de mi pecho al sueño
y aun estaban ahí,
y yo dentro, comprendí,

la ausencia agitó su luz
y los astros lloraron la incomprensión.

…Todos nos quedamos solos…


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Piedra sobre Piedra.


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Piedra sobre piedra,
en tu sepulcro de miseria,
se verterá el mudo sudor
que tu cobarde mano
arrancó de los cuerpos sencillos.

Piedra sobre piedra,
diez lustros de dolor
por cada paso ensangrentado,
por cada ignominia a los cansados.

La voz de lo violado,
será un vendaval
en el misérrimo silencio
de tu sueño,
será gigante la simpleza
y su dignidad.

Piedra sobre piedra,
a tu sangre
le negará cobijo la tierra.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuestros muertos.


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Las sombras del jardín,
loas cantan de luz y porvenir.
Las sombras del jardín todo lo abrazan,
lo abrasan...
y en la bahía de los ojos,
la noche inmaculada.


Naceremos de entre nuestros muertos.
Naceremos sobre los muertos y lo muerto.
Naceremos de entre nuestros muertos.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

7 oct. 2007

Inflamables.




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Perder el sueño por el sueño,
abrir fuego sobre la sangre
como un albor incontenible,
parir a cada segundo
la dicha de ser finitos,
perecederos,
inflamables.

Parir a cada segundo
el alba.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

No permitir.


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El deseo de ser un volcán,
una tempestad
luminiscente.

La voluntad de lograrlo,
de no olvidar,
de no permitir que siembren
niebla sobre las llamas
que se alzan
en el propio centro de mi vida.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Hora sin voz.


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En la hora más profunda de la noche,
en esa hora sin voz,
truena la melodía gimiente
de lo que no me atrevo a cantar.

Es el tiempo de la duda
y el no ver de tanta claridad.
Es el tiempo del temor
y no saber...

Debemos andar.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

27 sep. 2007

La llama de los días.


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Dibujar con agua
la llama de los días.

Alguien me soñó...
¿Qué es lo que se extingue
y me traviesa?

Dibujar con agua
la llama de los días.

Calla el universo
cuando más hambre
de voces tengo.

¿Qué es lo que se abandona
y me extingue?

A lo lejos, naufrago...
me alejo.

Dibujar con agua
la llama de los días.

¿Por qué calla la vida?



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

19 sep. 2007

Fragmentos de una misiva transoceánica.


Aun no he tenido tiempo de estar conmigo
aunque estoy solo, en mí.
Mis deseos se abismaron a las dimensiones
de nocturnas ferocidades.
Camino sobre los labios de la vacía montaña que habito,
abro mi pecho para sumarle a mis pulmones
el aire que le resto en mis sesenta cigarrillos diarios.

¡Nace la poesía impura!

La melodía estelar que desanda mis entrañas
arremolina y multiplica nuevos destinos de canción.

Estoy en mí, pero nadie llama a las puertas
que me habitan y devoran,
nadie escucha esta voz que no cesa.

Desciendo, desciendo empapado de lo cotidiano
desde la pequeña cima que habito a la sima de la costumbre
sin poder reconciliarme con ambas, más aun,
sin poder sujetar mis manos de hacer,
mis manos de amar.

Desciendo y soy hombre, carne y huesos trashumantes
que juegan infantilmente en las encrucijadas
para sentir que el mundo se detiene a su paso. ¡Triste juego!

Más allá está el silencio que espera. Luego me pierdo.
Siglos detenidos, siglos sobre siglos pariendo mudez
y me estremezco ante la histórica belleza de calles
como laberintos que observan… en silencio, observan.

¡Mi Hambre no es el hambre!
Esta tinta es mi sangre.

Nada queda atrás,
todo es dentro
y se hace difícil de cargar tanto estar y ser ausencia,
aunque no es mía esta tristeza
pero oír el llanto trasatlántico
siembra la certeza del espacio que ocupa
cada alma en otras almas.

¡Y aun está hambriento mi destino de ser el ir!

Extraño, he aprendido a extrañar.
Extraño el vuelo de mariposa en las palabras,
la fiebre de los huesos del abrazo,
la noche intempesta en el hueco de la mano,
el silencio ardiente y expectante,
la turbia marea del mirar,
las manos hambrientas ¡Cuánto hambre del hacer!
pero estoy en paz, por que me he entregado
pleno en esos vuelos
más allá de mi torpeza.

No sé porqué (o tal vez yo tampoco quiera escucharme)
pero mis adjetivaciones nonatas
buscan sus pupilas y sus almas, porque en ellas va la mía.



Sigo enhiesto, cimbrando en la tempestad que no cesa, como mi voz,
como mis manos de hacer, de amar. Como no cesa mi adentro
de sembrar flores en los jardines hambrientos de luz.
Como no cesa de abrirse paso mi alma,
ni de tender puentes hacia los que quiero.

He aquí, hacia ustedes, con estas mis palabras,
mi fiebre de los huesos del abrazo
más sincero y profundo,
el más humano.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Vedado.


Nos está vedado
saber acerca de
todo comienzo.

Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

6 sep. 2007

De.


De mi noche a tu sombra.
De mi tumba a tu beso.
De mi cuerpo a tu alma.

Una mano se tiende
espantando las sombras,
tramando mañanas.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

4 sep. 2007

La belleza de la desolación.


Primera refutación:
Asesinos de Parto.
Segunda refutación:
Predicar lo inaudito.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

2 sep. 2007

Lo que no supe ser.


En la voz de lo que no supe ser
quiero cantar mi canción,
quiero aprender,
quiero volver a mí,
y así,
volver
al mundo.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

27 ago. 2007

Espantasombras.

Tuve un sueño que me alegró el pasado.

La mañana lloró
su luz de espantasombras.

Tuve un sueño
y comencé a perderme.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

15 ago. 2007

Somos el horizonte.



Una vez más
vuelvo a descubrirme
en tu vuelo.
Despierto, te traigo,
te llevo como mía,
de mi posesión.

Me alejo, me abandono
pero no te vuelvo ausencia.
Me distraigo del mundo
en tu mundo y no hay otra razón,
ni otro mundo,
y te llevo una vez más,
dondequieraquevaya,
dondequieraquesea.

Siento, inagotable, la belleza del misterio,
la serena ferocidad de tu arte trocado en devenir.

Somos el horizonte.

Amo tu verbo y lo que esconde.
Amo tu nombre, tu verbo...
La máscara cae.

El sortilegio que las sombras cantan
te nombra y soy feliz.
Soy lo que no cesa,
en busca de la que jamás claudica.

Madre del misterio y la belleza.

Somos el horizonte.

Todo verdad.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

14 ago. 2007

Senos de la Tierra.



El cielo bebe
de los senos de la tierra
y la patria que he abandonado
aun sigue bajo mis plantas
porque no hay patria ni ayeres,
ni abandonos,
ni distancia.

Es mi hogar
el silencioso cantar
del mundo.
Es el vientre grávido que habito,
el hombre,
que en la carne del hombre,
celebra el alma
que le da vida
y es universo…


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Tramas.


El viento va tejiendo
las babas del diablo,
como la trama
de un enmarañado sueño
que aun aguarda ser soñado.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Un Soplido.


Ay, si pudiera
borrarte de un soplido
la sonrisa.

Ay, si pudiera
alzar un muro entorno a ti
y dejar que allí despierten
la muerte o el olvido.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

28 jul. 2007

Vísceras Detenidas.


Lo que susurra el viento en las ventanas,
acaso
el nombre del que fui,
su destino errante,
lejano de estas vísceras detenidas.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

24 jul. 2007

Caravana de vencidos.

Me encuentro extraviado.
La distancia que existe entre mis sueños y mis manos,
entre los días que me llevan y lo que no se acercan,
ni siquiera a asomar sus narices, me devasta.

Estoy ausente. Sí, ausente... ya no me habito;
y las largas horas son proclives al sueño y la desesperación.
Como una inútil caravana de vencidos,
un inútil deambular por el mundo sin destino.
Un cruce fugaz con lo que fui
abre amargos sabores de ingratos padeceres conocidos.
Pero es silencio todo.
Dentro, todo es vacío.

Siento que cargo con todos los destinos en mi destino
pero ninguno de ellos parece tener voz en mi voz.
Sin embargo, y a pesar del silencio,
un susurro parece llover
desde lo distante en busca de mi centro.
Un serpentear errante, un vagar desconocido e incontenible…
Como roca, roca de una avalancha que se produjo hace siglos...
y aun busca su sitio.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

14 jul. 2007

Condenación.




Estamos condenados.


Mientras el mundo brilla
en su luz de figón,
alguien nos grita.



Estamos condenados.



Mientras los campos
escapan verdes,

verde al verde,
sin guisa, alguien nos grita...


Estamos condenados.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

11 jul. 2007

Rastro.


Un rastro de sombras
en el mar de tus ojos,
naufraga, te ahoga.



Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

Búscate.


Búscate,
en cada parte,
en todos los labios,
en cada huella,
en todos los vientres.

Búscate,
en las tempestades,
en las teas vacilantes…

entre las sombras
y las flores del sol…



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

7 jul. 2007

Las Ruinas.


Que desciendan tus labios y beban.
Que festejen en esta corriente,
los arrebatos de la destrucción,
las ruinas que se rebelan.
Que festejen en esta corriente.

Que desciendan tus labios y beban.



Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

El primer río.


Quiero
el
primer
río
de
sangre.

Fotografía
-
Texto:

Diego L. Monachelli

30 jun. 2007

Sólo así soy.


De amor en amor
voy pariendo
los pedazos de mi patria.

Regreso y me encuentro
en la palma de todo lo que amé.

Sólo así soy.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Condenación.


Condenación laurífera
de nombre vuelto verbo.
Grávido paisaje
de agradecido silencio.

Envilecida la sangre,
demorado el pulso en la distancia...

Una cohorte de sombras
va sembrando luz.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Las entrañas.


Qué misterio trama
las entrañas de mi camino.

Qué silencio le infunde vida...
y yo vago,
como sin rumbo,
movido por ardorosas certezas.


Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

21 jun. 2007

Mariposa de piedra.


Mariposa de piedra,
nueva vértebra parida
en el beso que por amor
se niega.

Mariposa de piedra
que cantas
el gemido de la noche,
en el jardín de mis huesos
el mineral vuelo
de tu gesto
va tejiendo las entrañas
de la ausencia,
va tramando los misterios
que dan vida.

Mariposa de piedra,
la noche canta
en el gemido
de nuestros huesos.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

La calma de la certeza.


El sueño que no espera,
la sangre en tempestad
y la calma de la certeza.

La mañana se derrama
como una lágrima.

El sueño nunca cesa.

Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

11 jun. 2007

El Palomar.

Olvido cada palabra que digo
y todos los inquilinos que me habitan
se retuercen de hambre, comenzando a
masticar todas las ventanas.

Olvido cada palabra que digo
mientras el eco de mi voz
abrasa todos los ojos,
esculpiendo las caderas
de un arroz visceral.

Las puertas me saludan
y los pechos altivos
miran la calva de un techo
inasible, haciendo esquiva
su mirada. Los vasos se beben
todos los vinos y el único
sabor que subsiste en mi boca
es el de cenicero...

Irremediablemente tendré
que alzar paredes entre
cada uno de estos rincones,
alzar gimientes bostezos,
para enredar todos los pasos
que me remueven las entrañas.

Todo el sueño se ríe en mi cara,
gastándole una broma al del patio
del fondo -¿Qué decís?-, pero el
sordo de la cuatro no entiende,
mientras, el payaso de la dieciséis
busca sus zapatos (que el pibe
de la cinco le robó)...
-¡¡¡Este palomar es un desquicio!!!
grita la doña corriendo las moscas
que duermen sobre las ideas muertas
en la mesada...

Creo que será mejor
treparme al limonero
y sentarme allí
a esperar que llegue el sueño
con el sol, antes que se sequen
las hojas de mi libreta.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Monólogo.

Hemos perdido lo último que nos quedaba; y no hablo, como se podría creer, del regalo de los dioses. No, aún tengo mis reservas y no alcanza mi estrecha mente a pergeñar un camino que encuentre su destino claramente con respecto a él; mas sí adivino, sí tengo la certeza de que no ha sido tal obsequio venturoso.
Hemos perdido, y no por descuido, nuestro último hálito, hemos ofrecido nuestra última, y como tal la más patética, reverencia a la feroz jauría que desde siempre parió consigo sombras. A ésta entregamos nuestro sudor, nuestro rojo sudor de jóvenes siglos apenas, sin advertir en ese gesto que los muertos, rabiosas flores llevaban a nuestro entierro.
Otros hubiesen sido nuestros yerros ¡mas tan puros, tan honrosos! Otro hubiese sido nuestro destino y bien digo otro, ni más beato ni más funesto, de facto el que padecemos es el justo. Si hubiésemos bebido de los medicinales sonetos tan solo su brisa y no en cambio, como hicimos, asesinar sus versos en abismales olvidos o en oxidadas lenguas de loro; si hubiésemos cuidado, si hubiésemos escuchado aquella pequeña voz de insondables caminos, aquella en la cual la palabra patria era limpia. Ay! si hubiésemos hundido más el puñal en nuestro costado, qué tan distinto sería nuestro sino. Pero aquí nunca ha sido importante ser justos.
Recuerdo, más aun debo decir, vivo soñando a los desterrados de un pasado amor, también aquella rabia, que el ojo agudo supo ver, como tantas otras aguas, del juguete al que hoy se obliga, junto al hombre que alzó el gesto de su espíritu hacia la perfección, junto a la voz de la niebla, junto al vuelo del espantapájaros, a ese silencio conveniente para la garra hambrienta y feroz.
¿Han sido estos, y más de seguro, castigados como Casandra? ¿Hemos de ser tan necios que aun sabiendo ese castigo echamos al moderno gruñido nuestros sentidos? Hay quienes han hablado de nuestros días con descarnada certeza, sorteando lustros, décadas, siglos... padeciendo injurias, claustros, destierros, la muerte y, a pesar de ellos, lo han hecho. Ellos han sabido no traicionar su destino y yo me pregunto:
¿Acaso sabremos salvar su sangre en nuestra sangre?
Lo he dicho y lo repito, hemos perdido lo último que nos quedaba. Hemos perdido nuestro breve pasado, hemos perdido a nuestros buenos muertos, e incluso a los otros. Hemos perdido, y con ella al fin todo, la tierra que dio cobijo a nuestra carne umbrosa y temo que una vida sin pasado, por más enhiesta que se halle, jamás poseerá futuro... sólo podrá padecerlo.
--Bravo, bravo, bravisimo!!
--Excessif, repaussant...
--Pourquoi?
--Che, ¿qué dijo?
--¿Qué dijo quien?
--Widersinning, widersinning!!
--Sí, absurdo y más por...
--Siempre me gustó el aroma del jazmín.
--Treacherously offensive!!
--Esto es un bardo, loco!!
--Sí, puede ser, pero tiene cierta cadencia pretenciosa que afecta el ritmo de tal forma...
--¡Callaos multitud, que una mollera no es lugar sitio para tanto bullicio!



Ilustraciones: Lucia Lemmi
Texto: Diego L. Monachelli
Del libro “Los Gorriones Suicidantes”

6 jun. 2007

Oceánica.



Desaparecer,
hallarse entre los pliegues de la tinta.
Saberse, olvidar,
aprenderse.

Ahora tu nombre es un verbo
que lanzo al mar
y me cobijo en tu sombra
para descansar.

Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

13 may. 2007

Trashumante.


Este río que soy.
Este fluir incesante,
este abrirse que se cierra,
este solitario continente
que busca y se busca.


Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

Como todo buen muerto.


El cementerio que yace bajo mi piel,
rebosante de vida,
canta y llora
las alegrías que han de venir...

Como todo buen muerto.


Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

2 may. 2007

Una Celebración.



Como una madre nutricia,
la eternidad va tejiendo
las entrañas del mundo
y en su acucia, mis raíces,
hacia la fronda celeste se lanzan,
progenie de insigne tempestad.

Con la destreza de un suspiro
la noche intempesta señala
sobre el piélago endrino
la novel pupila en llamas...

y el mineral gesto se colma
de beligerantes bríos
y en las heridas abiertas
siembra la sal de su beso.

Ah, prócera palma
que sobre los mundos te alzas...
¡la muerte nos apremia
y la eternidad nos ronda!

Cómo, entonces, no exhortar
a los ustores del mañana.

Cómo no ser
consubstancial materia
de futuros antiguos ecos
de pálidos ardores...

Qué más queda si no
alma y anhelo fundir
para que al rendirse
exánime la carne...

se tornen febril astro
señalando el porvenir...!



Ilustraciones: Laura Hoppe
Texto: Diego L. Monachelli
Del libro de ilustraciones poetizadas
“Diez cosas que pueden hallarse detrás de una puerta”

Una Renuncia.



Acaso hayan sido mis manos
los puñales que abrieron
a la noche y sus tendones
esta lóbrega sedición de nervios.

O tal vez
el improperio de los vástagos
que apremian el horizonte,
desde el adarve lanzado,
avieso hendió el aire
en busca del costado imbele...
pupila lejana,
más allá del hombre.

Mas qué importa ya
si han sido mis palmas
o el veneno que corrompe todo horizonte...
Qué importa,
ahora que se han tornado
lucífugas las razones...

Abatido,
por tan promiscuas y necias soledades.
Exánime,
bajo el yugo del silencio cómplice,
sin dilaciones me entrego
a la pira del ensueño
como al último ensayo
de la muerte.


Ilustraciones: Laura Hoppe
Texto: Diego L. Monachelli
Del libro de ilustraciones poetizadas
“Diez cosas que pueden hallarse detrás de una puerta”

Mañana.



No sé si mañana
está dentro del tiempo.

Vamos rápido.

No sé si mañana
está dentro del tiempo.


Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli

Río.



El río canta.
El río reza y canta.

Creo creer en Dios
por un instante.

Fotografía - Texto:
Diego L. Monachelli