11 jun. 2009

El ombligo. (I)



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Dejarse emboscar por las palabras que intentan delimitar un nombre, lo que hay detrás de él, cuando en realidad lo único que importa es la obra, suele saber a fracaso. Pero en la necedad de la insistencia y las malas costumbres podríamos decir que un tal Diego L. Monachelli nació dos días antes de los últimos fusilamientos en España (Una, Grande, Libre) llevados a cabo por la dictadura franquista, pero lejos de esta patria que hoy lo contiene, en una ciudad feliz - por ignorante quizás - llamada Mar del Plata, en las costas de Argentina.
Ahora es cuando el dedo del fracaso se posa sobre nuestros labios y nos hurga la boca, el silencio. El silencio se nos atraganta en el gesto y congestionados de palabras atravesamos veintiún años de estudios, viajes, excesos y todas las ventanas por las que salta cualquiera que busque la vida en sus fueros. Entonces vemos el primer parto, público y sencillo, De la vida y otros pecados (1997) en el que se adivina ya a un escritor atípico, como diría Luis Loitey (escritor uruguayo) mucho tiempo después, un narrador de la belleza de la desolación, el que abre el reverso de la mirada, esto es; cuando más miramos el entorno más vemos nuestra propia alma. Ya no es el dedo sino el puño, pero resistimos los embates y alcanzamos al segundo vástago agotado de buscar, Ángeles y Demonios (2000), nacido de la poesía y el teatro. Los seguimos, les damos la oportunidad pero los vemos tropezar en los escenarios, desaparecer detrás de los telones.
Ahora escupimos los dientes, volvemos al silencio, rompemos las ventanas y detrás hallamos a Los Gorriones Suicidantes (2006), que se revelan, salvajes, como una horda atípica, inusual y estimulante; vueltos a la vida para provocar una reacción en quien los observe y promover en él la resignificación de lo cotidiano. Y al fin, más cercanos en el sucederse y vivir, el alumbramiento último, Asesinos de Parto (2008), engendrado en la imperiosa necesidad de mutilar la inocencia, de violar el ritmo, de ahondar el verbo hasta que sangre de él lo que oculta.

En todo este devenir hubo, sí, distinciones nacionales e internacionales, antologías hispanas, revistas y un cúmulo de circunstancias, trabajos y etcéteras que difícilmente podrían condensarse en estas líneas. Un tal Diego L. Monachelli. ¿Qué tan distinto será ahora su día o el nuestro después de haber atravesado estas líneas? ¿Cuál es el sabor que nos cierra la boca? Demasiadas las certezas de lo efímero.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: Detrás del Sol.
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Percusión: Carlos del Valle.
Guitarra: Diego L. Monachelli.
Compositor: Diego L. Monachelli.
Arreglos: Juan Pablo Gez Carballo.

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