10 jul. 2009

El ombligo. (IV)




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Me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos. Tras las cortinas y la carne. Detrás de las ventanas, las puertas y las espaldas. Recorro todas las huellas y todas las veredas. Los rostros, las amplias avenidas y los raquíticos caminitos de tierra.
Me sumerjo en todos los charcos, en las alcantarillas basurales, en los pañuelos lagrimales, en las entrepiernas marítimas y en las pluviales. En las botellas de whisky y en las de mensajes, en los vasos de gin y en los jeans de los tendales.
Me encierro en los aromas cáusticos y en las cáusticas viseras ambulantes, bajo las sombras agonizantes y las agnósticas y las hegemónicas, en los baños públicos y en púbicos baños...

Pero, es inútil, hay días en que las palabras y el amor
se esconden tan bien que por más que
me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos...



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: La palabra.

Una palabra me quema la sien,
agita mi sangre
y golpea, furiosa,
mis dedos adormecidos.


¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

¿Qué extraño conjuro te ha traído
desde lo más oscuro del abismo?


Acaso, ¿debo parirte
como una virgen inmaculada?

Acaso, ¿debo dejarte
atravesar mi piel?

¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

Voces: Paola Di Santo
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Flauta Traversa: Clara Salomón
Guitarra, letra y música: Diego L. Monachelli.

1 comentario:

Pedro Coiro dijo...

Diego, pasate por www.cuadernosdeltabano.blogspot.com
Estás últimas entradas están especialmente buenas.
Supe poco de vos por José Manuel, que anduvo por acá por Bruselas.

Abrazos.