22 ago. 2006

La hora del perfume.

Al tiempo de las espinas
parí mis mejores versos,
desentrañé los más lejanos ecos,
al tiempo de las espinas.

Alcé todas mis voces,
abrí al cielo
la más dulce herida
en busca de la melopea...

y en el tarantulado
de la piara
arengué mis delirios,
esgrimí sueños intactos...
loas sin tiempo
de ritmo sincopado,
como un buril certero
al centro pútrido de su sino...

Al tiempo de las espinas,
en le septiembre del silencio,
atronador se alzaron
el sueño y el verso,
ustores del cielo...

y en su llama la pequeña voz
de este muerto
que no resigna la vida
ni en la hora del perfume,
ni al tiempo de las espinas.
Texto - Fotografía: Diego L. Monachelli

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