18 may. 2008

El hambre de los ciegos.



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Habito un seno grávido,
espejo encendido
hacia las orbes fantasmales
que habitan el mañana.

Habito un seno grávido
de láctea calidez,
germen de ensueño
que nutre mi lecho
empinándome entre las heces
de estos réprobos caminos
que han sido mutilados
por la hoz ignorante,
asida con gesto mayestático
por el hambre de los ciegos.

Habito un seno grávido,
espejo encendido
hacia los rostros
que habitan más allá del tiempo...

Seno encendido,
sueño ígneo de los destinos.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

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