28 sep. 2006

Una Entrega.

Has sido el pábulo de esta lid,
el continente austero de una razón,
y a ti he regresado
para derramar sobre tu costado
mi beso...
sobre esta tierra,
en sus íntimos labios.

He soñado tu olvido,
demiurgo de espantos,
mas sin ti
el mundo sería vacío.

Badana incólume
que has resistido
los embates
de este mundo protervo,
su entropía y su veneno...

He regresado
a descansar mi noche,
a reconocer en tu savia mi pasado,
a hundir más mis raíces...
pues al fin me he hallado
más allá de mi carne y mis huesos,
más allá de mi nombre.
Ilustraciones: Laura Hoppe
Texto: Diego L. Monachelli
del libro de ilustraciones poetizadas
“Diez cosas que pueden hallarse detrás de una puerta”

Mariposas de la noche.

El sol tiñe de gris
mi ciudad dormida.
El ojo blanco
de la negra noche
todo lo baña
con su luz
de silencioso beso.

Trepa la poesía
los colores
y los labios.

Las sombras regresan
de ese incierto hogar
donde duermen
el azul día
como pálidos ángeles,
como mariposas de la noche.

Abrasa la palabra
la brisa que siembra
desde un cielo de sangre.
Texto - Fotografía: Diego L. Monachelli.

5 sep. 2006

Aguas mudas.

Somos el exilio.
Corre en nuestros cielos
la sombra del destierro
desnuda de brío.

Alza el sueño la historia
y es sorda la carne
que extraño deseo mueve,
hallar lejos la tierra que nos devora.

Silencioso jade nos depara
un cielo ciego...
harto ya de navegar
las mudas aguas del pasado.

Nosotros somos el exilio
y transita los rostros
la inagotable agonía,
y enluta la sangre su frío

como un fuego oscuro
de mariposas feroces
que nos acechan el alma
y siembran en ella el olvido.

¿Quién hará gritar
al silencioso testigo,
para no sostener en los labios
errores de tan antigua edad?

Aquel que no haya partido
padecerá la fiebre del bronce.
Aquel que embriagó su cielo
cobijará el pálido sueño de lo ausente.

Acaso, ¿serán otras las sombras,
que lejos, griten desde dentro
la furia del destierro,
vibrando en el silencio astuto de las Parcas?

Acaso, ¿claudicaran las sombras
a su rezo sereno,
a su sigilosa ronda,
a trepar todo muro?

Acaso, ¿no tendrá la tarde,
en su agonía, la costumbre extraña
de borrar del mundo
las voces y los nombres,

hasta que el anciano cuervo
cubra todo con su andar severo,
infatigable lecho
de agonías y sueños?

Aquel, al que rondan
los dolores de lo incierto,
sabe que el futuro habita,
sabiamente, en la historia.
Texto - Fotografía: Diego L. Monachelli

Una luz cegadora.

Si he descendido
a las simas de la noche intempesta.
Si en el légamo seglar
he asumido mis plantas...
¿Acaso crees que no han de irrumpir,
ya ensangrentadas mis palmas,
en las lóbregas entrañas de lo humano?

Abyecto cirio,
no son, tú ni tu séquito de sombras,
los ustores de la calma...
El numen prosaico
de tu aurora,
¡el sueño que te agita,
cobarde tea!

Amurallar las cuencas
que acechan el porvenir...
evidencias de tu espurio fulgor,
rémoras en tu reino de cobardes y necios.
Ilustraciones: Laura Hoppe
Texto: Diego L. Monachelli
del libro de ilustraciones poetizadas
“Diez cosas que pueden hallarse detrás de una puerta”

Otra puerta.

Hijo ciego
del caos y la noche,
tu voz ha parido
la silueta de este umbral
y ha urdido su halo
el deseo y la necesidad
de hallarme ante mí
para ir más allá.

Ah! prócera palma
que te alzas sobre los mundos,
detrás de tu voz un rumor
furioso se deja oír,
torrente que abrasa la razón
y siembra a cada hombre
en su justo camino:
“Serás, alma errante, ante cada dintel,
ante ti mismo... tu más cruel Cerbero!”
Ilustraciones: Laura Hoppe
Texto: Diego L. Monachelli
del libro de ilustraciones poetizadas
“Diez cosas que pueden hallarse
detrás de una puerta”