10 ene. 2007

Sospechas.

Vaciemos el mundo
de sospechas...
y seamos, al fin,
todos culpables.

Como un destello,
un laberinto de nervios...

Como ojos de agua,
como vientres desiertos.

O seremos ciegos
cuando despierte la luz...
Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli.


8 ene. 2007

La tiranía del crepúsculo.

Lo que sé del viento
me lo enseñó una roca;
lo que sé de los hombres,
los muertos.

Canto lo que las ventanas callan.
Fotografías - Texto: Diego L. Monachelli

Sobre “Los gorriones Suicidantes”. Antonio P. Bustamante.


“Original título para esta estimulante cíclica colección de Narraciones.

Escrita con un pulso narrativo notable, que deja adivinar el trabajo de un escritor vocacional, “Los gorriones suicidantes” (título que también da nombre al último y a mi juicio más logrado relato de este libro) se revela como una obra atípica, inusual y estimulante. Escrita para provocar una reacción en el lector y, seguramente, para promover en él algún tipo de respuesta.
Con un estilo rítmico, convenientemente dosificado y maduro, Diego. L. Monachelli construye, a través de historias sencillas y personajes cotidianos, todo un universo de casualidades, causalidades y obsesiones íntimas. De ésas que tienen que ver con nuestra propia cordura, dualidad y cargas del alma. El lenguaje es pulcro, preciso y contiene claras reminiscencias de su Argentina natal, destacando la riqueza descriptiva y la habilidad sintética de algunos planteamientos y desenlaces. La obra: intensa, original y vibrante, especialmente recomendable para un tipo de lector ávido de nuevas propuestas y dispuesto a realizar un esfuerzo añadido.”


Antonio P. Bustamante. Editor. España.


Ilustraciones: Lucia Lemmi

Sobre “Los gorriones suicidantes”. Luis Loytei.

“Leer los gorriones suicidantes no fue un acto de mero entretenimiento sino de una necesidad de respuestas vitales. Digo esto, claro está, después de haberlo leído y mucho después de esa primera atracción que uno siente al acercarse al libro.
El primer impulso, no puedo negarlo, fue en su génesis la curiosidad que siente cualquier lector que intuye ante las primeras páginas, que el libro nos puede gustar y entretener, que al fin podamos evadirnos del entorno –rutinario a veces- en el que estamos inmersos. Pero algo sucede cuando uno entra en esas primeras páginas de los gorriones.
No es el momento de un análisis literario ni de una crítica concienzuda las iniciales páginas de un libro, pero sí de ensayar una definición, si es que la hay, de las sensaciones que nos embargan cuando lo vamos leyendo.
En principio, esta obra es un viaje. Los gorriones nos lleva en un viaje que poco a poco se va transformando en un viaje de regreso, un viaje donde nadie puede escapar de las reminiscencias del pasado y que el recuerdo ha forjado en nuestras vidas. Con una aguda descripción del entorno, Diego Monacheli nos pinta el reverso de la mirada, esto es; cuando más miramos el entorno más vemos nuestra propia alma. Una inversión metonímica donde las percepciones que nuestra mente encuentra son reelaboradas y donde ese vaivén de pensamientos tienden a amoldarse a una “realidad” que se nos presenta imbricada y en constante cambio. Los gorriones nos ubica en un tiempo intangible, el tiempo que la mente ordena sin sucesión donde pasado, presente y futuro es un instante que nos conmina a vivir eternamente, vaya la paradoja, a vivir eternamente peleando contra la muerte.
Con un lenguaje claro, no exento de imágenes cargadas de poesía, el autor va significando esa extraña fusión de la palabra con su percepción afectiva. El texto nos mete, nos “prepotea” a sentir las mismas sensaciones de inseguridad, de hastío, dudas axiomáticas que al fin hace cómplice al lector a replantearse los órdenes establecidos. Aquí no hay reglas de felicidad ni de autoayuda, aquí hay ficción que nos obliga a pensar, nos lleva a indagar, leer y releer. Los gorriones suicidantes hacen de espejo, con ciertos guiños al lector atento, algunas referencias autorales y paráfrasis, nos ubica y desubica del cómodo sillón que estamos inmersos.
Una forma de sentirnos diferentes pero dentro. Una mimética entre sujetos: ser leído y lector.”

Luis Loytei. Escritor. Uruguay.
Ilustraciones: Lucia Lemmi.