8 ene. 2007

Sobre “Los gorriones suicidantes”. Luis Loytei.

“Leer los gorriones suicidantes no fue un acto de mero entretenimiento sino de una necesidad de respuestas vitales. Digo esto, claro está, después de haberlo leído y mucho después de esa primera atracción que uno siente al acercarse al libro.
El primer impulso, no puedo negarlo, fue en su génesis la curiosidad que siente cualquier lector que intuye ante las primeras páginas, que el libro nos puede gustar y entretener, que al fin podamos evadirnos del entorno –rutinario a veces- en el que estamos inmersos. Pero algo sucede cuando uno entra en esas primeras páginas de los gorriones.
No es el momento de un análisis literario ni de una crítica concienzuda las iniciales páginas de un libro, pero sí de ensayar una definición, si es que la hay, de las sensaciones que nos embargan cuando lo vamos leyendo.
En principio, esta obra es un viaje. Los gorriones nos lleva en un viaje que poco a poco se va transformando en un viaje de regreso, un viaje donde nadie puede escapar de las reminiscencias del pasado y que el recuerdo ha forjado en nuestras vidas. Con una aguda descripción del entorno, Diego Monacheli nos pinta el reverso de la mirada, esto es; cuando más miramos el entorno más vemos nuestra propia alma. Una inversión metonímica donde las percepciones que nuestra mente encuentra son reelaboradas y donde ese vaivén de pensamientos tienden a amoldarse a una “realidad” que se nos presenta imbricada y en constante cambio. Los gorriones nos ubica en un tiempo intangible, el tiempo que la mente ordena sin sucesión donde pasado, presente y futuro es un instante que nos conmina a vivir eternamente, vaya la paradoja, a vivir eternamente peleando contra la muerte.
Con un lenguaje claro, no exento de imágenes cargadas de poesía, el autor va significando esa extraña fusión de la palabra con su percepción afectiva. El texto nos mete, nos “prepotea” a sentir las mismas sensaciones de inseguridad, de hastío, dudas axiomáticas que al fin hace cómplice al lector a replantearse los órdenes establecidos. Aquí no hay reglas de felicidad ni de autoayuda, aquí hay ficción que nos obliga a pensar, nos lleva a indagar, leer y releer. Los gorriones suicidantes hacen de espejo, con ciertos guiños al lector atento, algunas referencias autorales y paráfrasis, nos ubica y desubica del cómodo sillón que estamos inmersos.
Una forma de sentirnos diferentes pero dentro. Una mimética entre sujetos: ser leído y lector.”

Luis Loytei. Escritor. Uruguay.
Ilustraciones: Lucia Lemmi.

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