27 ago 2007

Espantasombras.

Tuve un sueño que me alegró el pasado.

La mañana lloró
su luz de espantasombras.

Tuve un sueño
y comencé a perderme.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

15 ago 2007

Somos el horizonte.



Una vez más
vuelvo a descubrirme
en tu vuelo.
Despierto, te traigo,
te llevo como mía,
de mi posesión.

Me alejo, me abandono
pero no te vuelvo ausencia.
Me distraigo del mundo
en tu mundo y no hay otra razón,
ni otro mundo,
y te llevo una vez más,
dondequieraquevaya,
dondequieraquesea.

Siento, inagotable, la belleza del misterio,
la serena ferocidad de tu arte trocado en devenir.

Somos el horizonte.

Amo tu verbo y lo que esconde.
Amo tu nombre, tu verbo...
La máscara cae.

El sortilegio que las sombras cantan
te nombra y soy feliz.
Soy lo que no cesa,
en busca de la que jamás claudica.

Madre del misterio y la belleza.

Somos el horizonte.

Todo verdad.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

14 ago 2007

Senos de la Tierra.



El cielo bebe
de los senos de la tierra
y la patria que he abandonado
aun sigue bajo mis plantas
porque no hay patria ni ayeres,
ni abandonos,
ni distancia.

Es mi hogar
el silencioso cantar
del mundo.
Es el vientre grávido que habito,
el hombre,
que en la carne del hombre,
celebra el alma
que le da vida
y es universo…


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Tramas.


El viento va tejiendo
las babas del diablo,
como la trama
de un enmarañado sueño
que aun aguarda ser soñado.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Un Soplido.


Ay, si pudiera
borrarte de un soplido
la sonrisa.

Ay, si pudiera
alzar un muro entorno a ti
y dejar que allí despierten
la muerte o el olvido.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

28 jul 2007

Vísceras Detenidas.


Lo que susurra el viento en las ventanas,
acaso
el nombre del que fui,
su destino errante,
lejano de estas vísceras detenidas.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

24 jul 2007

Caravana de vencidos.

Me encuentro extraviado.
La distancia que existe entre mis sueños y mis manos,
entre los días que me llevan y lo que no se acercan,
ni siquiera a asomar sus narices, me devasta.

Estoy ausente. Sí, ausente... ya no me habito;
y las largas horas son proclives al sueño y la desesperación.
Como una inútil caravana de vencidos,
un inútil deambular por el mundo sin destino.
Un cruce fugaz con lo que fui
abre amargos sabores de ingratos padeceres conocidos.
Pero es silencio todo.
Dentro, todo es vacío.

Siento que cargo con todos los destinos en mi destino
pero ninguno de ellos parece tener voz en mi voz.
Sin embargo, y a pesar del silencio,
un susurro parece llover
desde lo distante en busca de mi centro.
Un serpentear errante, un vagar desconocido e incontenible…
Como roca, roca de una avalancha que se produjo hace siglos...
y aun busca su sitio.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli