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22 abr 2012

Caretas. De Hernan Casciari. Orsai.

http://editorialorsai.com/blog/post/caretas

Estoy leyendo mucho la prensa española estos días, porque Argentina está saliendo en la tapa de los diarios con letra grandota. La última vez que salimos en la tapa con letra grandota fue cuando renunció De la Rúa. Corralito. Cinco presidentes en una semana. Caos. Después hubo un gran silencio de nueve, diez años. No salimos más en la tapa. Y eso es bueno. Cuando Argentina no sale en la tapa de la prensa española, todo está tranquilo.



El único argentino que sale en la tapa, casi todas las semanas, es Messi. Desde hace unos días fantaseo con algo imposible. Fantaseo con que mañana, en el clásico Madrid Barcelona, Messi haga un gol, se levante la camiseta frente a las cámaras y abajo haya un cartel que diga «YPF es Argentina». Y que después haga un gol Higuaín, el gol del empate, y se levante la camiseta y diga «YPF es Argentina».



Sería un problemón gigantesco para los que deciden las fotos de tapa de los diarios españoles.



Los diarios españoles ya son casi todos de derecha. El último diario de izquierda se llamaba Público y quebró hace dos o tres meses. El otro diario que no es abiertamente neoliberal se llama El País, pero es de una izquierda europea, es decir, de derecha.



España se está cayendo a pedazos pero no hay debate político. Nadie propone que el Estado intervenga. Los dos partidos mayoritarios piensan lo mismo, pero fingen pelearse en público, para que la gente no se duerma de aburrimiento. Pelean como Karadagián y como Peucelle, de mentira, pero con mucho espamento.



Desde hace varios años los dueños de España son seis o siete empresarios poderosos: banqueros, petroleros, dueños de telefónicas. Los políticos y los medios de comunicación son empleados de esta gente de corbata. Todos son caretas, en el sentido más argentino de la palabra.



Gente encorbatada, aburridísima, mayores de sesenta, incapaces de enviar un archivo adjunto sin equivocarse, gente que nunca aprendió inglés, gente que está en contra de descargarse una película pero que tampoco sabría cómo hacerlo.



A toda esta gente no le gusta lo que está pasando en Latinoamérica, del mismo modo que no le gusta lo que está pasando con los indignados en sus propias plazas. Para ellos las dos cosas son la misma cosa: tienen miedo de que las personas que no son caretas tomen la sartén por el mango.



Le tienen miedo, le tienen bronca, desprecian a los que no son caretas. A los que asumen el poder y, en vez de usar corbata, usan camisa o pulóver. A los que en los discursos hablan con normalidad, sin poner un casete, sin frases vacías. A los que se cagan en las falsas reglas de la economía global —que siempre patea para el mismo lado— y proponen otras reglas, a los que le pegan patadas a los tableros de ajedrez, a los que están hartos de siempre lo mismo.



Esta semana la prensa española le dedicó muchísimas páginas al tema YPF, pero casi ninguna explica los argumentos argentinos. Le da pánico explicar los argumentos argentinos, porque son los mismos argumentos de los indignados que ocupan las plazas. Sus propios hijos son los que están hartos.



Los caretas españoles creen que el enemigo es Argentina, creen que Repsol es patria y que Argentina les está robando la identidad. Pero en la calle son sus hijos los que no tienen trabajo, los que no tienen futuro, los que también están pidiendo a gritos que el Estado intervenga y se ponga del lado de la gente.


Ilustración: Celia Saez.

10 ago 2009

El ombligo. (V) Y despedida, luego de tres años y mucho andar.


















“Ningún árbol me es ajeno y de todos tengo el habla.
Donde uno more yo tengo patria.”

...

Desperté de un sueño donde no había palabras,
sólo una piedra llorando.

Me recosté sobre la tierra a beber su gracia,
labio, lengua, sal su marea
abriendo mi rostro y sus ventanas.

Ciego de luz
busqué la distancia
y pronto fui cayendo,
gota sonriente,
manantial de tiempo,
lluvia -y ella-
el rostro posible de tus palabras.

...

“¿Qué podría agregar al decirte que el mundo se reduce a tres nombres y un verbo, acaso dos?

Se acerca y todo reluce.

Me tiemblan los hastíos y siento el brío de algo incomprensible.

Creo entender porqué la marea de ideas me trae recuerdos musicales, por que la música ahonda los cielos, tiene la intensidad caprichosa que tienen las cosas que no ostentan nombre y por eso ellas son lo que cada uno sea capaz de imaginar. Acaso las palabras sean un muro. Intentar el hallazgo del adjetivo sería la arrogancia total, al menos de mi parte. Tantas adjetivaciones sublimes he hallado... y a pesar de eso, me sacia pero no me basta.

Quizás por eso buscamos en las palabras lo que nos está vedado en la vida...

Quizás por eso las artes. Pero ¿quién soy yo para meter un dedo sobre esos destinos?
Yo, viejo enclaustrado, renegando de lo que me dota de vida, al menos de aquello que aún está al alcance de la mano.

Ay, Ulises, que fortuna tu silencio - pienso a veces - y me río de mí mismo. Qué insolente artificio, que estéril arrogancia... y otra vez las palabras, imperfectas ellas o torpe mi destreza, nos engañan. ¿Quién? ¿Tu nombre y lo que hay detrás o mi casi infantil intervención sobre esta página?

...

Me nace la risa desde la futilidad de esta certeza... Mi caro amigo, en tus manos queda la soberbia de ponerle nombre y un sentido a esta entrega beligerante... esta fatalidad.”

Del libro “Helmut Brodovsky. Cartas a Ulises”

...

Hasta el reencuentro y buena vida.

...

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli











Banda de sonido del cortometraje “Pasión de los amantes”
del realizador Gabriel Piquet.

Ingrid Bulthe - Oboe
Diego Alonso - Oboe
Karina Katz - Clarinete
Elizabeth Gautin - Fagot
Luís Encina – Bajo
Diego L. Monachelli - Guitarras

10 jul 2009

El ombligo. (IV)




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Me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos. Tras las cortinas y la carne. Detrás de las ventanas, las puertas y las espaldas. Recorro todas las huellas y todas las veredas. Los rostros, las amplias avenidas y los raquíticos caminitos de tierra.
Me sumerjo en todos los charcos, en las alcantarillas basurales, en los pañuelos lagrimales, en las entrepiernas marítimas y en las pluviales. En las botellas de whisky y en las de mensajes, en los vasos de gin y en los jeans de los tendales.
Me encierro en los aromas cáusticos y en las cáusticas viseras ambulantes, bajo las sombras agonizantes y las agnósticas y las hegemónicas, en los baños públicos y en púbicos baños...

Pero, es inútil, hay días en que las palabras y el amor
se esconden tan bien que por más que
me esfuerzo y revuelvo en cada intersticio, en cada rincón, bajo las sábanas y los pisos...



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: La palabra.

Una palabra me quema la sien,
agita mi sangre
y golpea, furiosa,
mis dedos adormecidos.


¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

¿Qué extraño conjuro te ha traído
desde lo más oscuro del abismo?


Acaso, ¿debo parirte
como una virgen inmaculada?

Acaso, ¿debo dejarte
atravesar mi piel?

¿Quién eres tú que te atreves
a perturbar mi silencio?

Voces: Paola Di Santo
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Flauta Traversa: Clara Salomón
Guitarra, letra y música: Diego L. Monachelli.

27 jun 2009

El ombligo. (III)

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Paz, s.
En política internacional, época de engaño entre dos épocas
de lucha.
Política, s.
Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios.
Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Ambrose Gwinet Bierce; Diccionario del diablo.


Engañados por la autocomplacencia nos creemos que con el sólo hecho de exigir ciertas responsabilidades a políticos y religiosos seremos capaces – y artífices- de alcanzar ese estado de Paz, sin darnos cuenta que pasamos por alto un estado previo, más íntimo y accesible en nuestra cotidianidad. Confundimos generalmente, no sólo estas responsabilidades que endilgamos a terceros, sino también la ausencia de guerra como el estado de paz. En definitiva reducimos el concepto de Paz y lo asociamos a cosas que tienden por naturaleza a estar absolutamente lejanas a ese interés. Martin Luther King, Jr. escribió que la verdadera paz es la presencia de justicia. Entonces, antes de la Paz existe la justicia y ¿Dónde comienza la justicia? Quizás suene ingenuo, infantil o reduccionista pero estas y otras tantas ideas, tan abstractas como complejas, comienzan por cada individuo, desde el yo más cotidiano hacia el nosotros más histórico. ¿O acaso sólo puede existir la Paz en la tierra sin que exista en nuestra habitación, en nuestras aulas, en nuestra cocina? ¿Y la justicia sólo se imparte en los juzgados y los cielos? ¿Acaso no se da entre nosotros, en el colectivo, en una vereda cualquiera, en la multitud que avanza?

¿Qué es la paz? Definitivamente es un alto ideal, imprescindible y en el que confluyen muchos otros, al que debemos intentar acceder, pero no lo haremos si no somos concientes al fin de que no se encuentra al final del camino sino que es una forma de andar, que es el camino... y el camino empieza al despertar, al dar el primer paso y de manera tan similar a la vida, que asusta.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli







Banda de sonido del cortometraje “Cambios”
del realizador G. Bos.
Compositor: Diego L. Monachelli.

26 jun 2009

El ombligo. (II)

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¿Dónde yace lo parido?
¿Dónde lo que amé,
aquello que no sabía de olvidos?

¿Quién despertó a los muertos
que fraguan el pan de mis mañanas?

En cada uno de ellos
mi gesto y todo lo que duele
en cada uno de ellos.

Hubo un río,
en el vientre de tu cama,
hubo un río,
tempestuoso,
luego calma…

En cada gesto,
uno de ellos y ellos duelen
en cada todo,
en toda nada.

¿Fraguan las mañanas de mi pan
a los muertos del despertar?

¿Dónde parir lo que yace?

¡Ay, de los muertos
del pan
de mis mañanas!


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: La caída.

Caen las horas trepando al llanto.
Tu cuerpo azul durmió, claustro de engaño.

Las sombras van a dar al mar,
tu casa al fin se ahogará

De tu noche no podrás despertar,
el cielo gris se te hizo cruz,
los espejos muros
y la sangre estepa.

Las sombras van a dar al mar,
tu casa al fin se ahogará.


Voces: Paola Di Santo
Batería: Javier Puyol
Bajo: Martín de Lasaletta
Guitarra, música y letra: Diego L. Monachelli

12 jun 2009

El ombligo.

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Porque sí.
Porque es de noche y nos distancia algo, algo como un mar insobornable...
Porque quizás nos sea útil, aunque no sepamos cómo...
Porque la vida es incontenible...
Porque quizás esté buscando una excusa y no exista,
quizás no exista otra cosa que la cercanía, que el sospecharnos...
Porque quizás respire el goce en estas palabras...

Éste es, así será el ombligo.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli


“Quizá sea ya tarde para lo que me propongo: quiero dar la batalla a la vida.
Como todos los desastres de mi existencia me parecen originados por una falta de orientación y por un colapso constante de la voluntad, quiero rectificar ambas desgracias para tener mi puesto al sol como los demás hombres... Quizá lo segundo sea más fácil de remediar que lo primero: hay indiscutiblemente una higiene, como hay también una terapéutica para la voluntad; se curan los desmayos del querer y se aumentan las dimensiones de la voluntad como se acrecen las proporciones del músculo, con el ejercicio, por medio de una trabazón de ejercicios razonados y armónicos. Pero para orientarse... Porque, en primer término, ¿dónde está mi Oriente?

Me he levantado temprano para reaccionar contra la costumbre española de comenzar a vivir tarde...”

Iluminaciones en la sombra.
A. Sawa



Tema: A través de los bosques de la luna rosa.
Percusión: Carlos del Valle.
Guitarra: Diego L. Monachelli.
Compositor: Diego L. Monachelli.

11 jun 2009

El ombligo. (I)



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Dejarse emboscar por las palabras que intentan delimitar un nombre, lo que hay detrás de él, cuando en realidad lo único que importa es la obra, suele saber a fracaso. Pero en la necedad de la insistencia y las malas costumbres podríamos decir que un tal Diego L. Monachelli nació dos días antes de los últimos fusilamientos en España (Una, Grande, Libre) llevados a cabo por la dictadura franquista, pero lejos de esta patria que hoy lo contiene, en una ciudad feliz - por ignorante quizás - llamada Mar del Plata, en las costas de Argentina.
Ahora es cuando el dedo del fracaso se posa sobre nuestros labios y nos hurga la boca, el silencio. El silencio se nos atraganta en el gesto y congestionados de palabras atravesamos veintiún años de estudios, viajes, excesos y todas las ventanas por las que salta cualquiera que busque la vida en sus fueros. Entonces vemos el primer parto, público y sencillo, De la vida y otros pecados (1997) en el que se adivina ya a un escritor atípico, como diría Luis Loitey (escritor uruguayo) mucho tiempo después, un narrador de la belleza de la desolación, el que abre el reverso de la mirada, esto es; cuando más miramos el entorno más vemos nuestra propia alma. Ya no es el dedo sino el puño, pero resistimos los embates y alcanzamos al segundo vástago agotado de buscar, Ángeles y Demonios (2000), nacido de la poesía y el teatro. Los seguimos, les damos la oportunidad pero los vemos tropezar en los escenarios, desaparecer detrás de los telones.
Ahora escupimos los dientes, volvemos al silencio, rompemos las ventanas y detrás hallamos a Los Gorriones Suicidantes (2006), que se revelan, salvajes, como una horda atípica, inusual y estimulante; vueltos a la vida para provocar una reacción en quien los observe y promover en él la resignificación de lo cotidiano. Y al fin, más cercanos en el sucederse y vivir, el alumbramiento último, Asesinos de Parto (2008), engendrado en la imperiosa necesidad de mutilar la inocencia, de violar el ritmo, de ahondar el verbo hasta que sangre de él lo que oculta.

En todo este devenir hubo, sí, distinciones nacionales e internacionales, antologías hispanas, revistas y un cúmulo de circunstancias, trabajos y etcéteras que difícilmente podrían condensarse en estas líneas. Un tal Diego L. Monachelli. ¿Qué tan distinto será ahora su día o el nuestro después de haber atravesado estas líneas? ¿Cuál es el sabor que nos cierra la boca? Demasiadas las certezas de lo efímero.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli





Tema: Detrás del Sol.
Violines y Viola: Juan Pablo Gez Carballo.
Percusión: Carlos del Valle.
Guitarra: Diego L. Monachelli.
Compositor: Diego L. Monachelli.
Arreglos: Juan Pablo Gez Carballo.