3 dic 2008

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – LXXV.


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Nada vencerá a la poesía,
ni el monstruo que rodea
las entrañas que habito.

¡Perversión de la tinta!

Nadie vencerá a la poesía,
ni el monstruo que agita
las entrañas que habito.

Como un silencioso río
parirá mañanas,
junto a la tumba,
en plena quietud
de luna muda,
los nuevos versos.
Nacerá el hombre,
todo hombre y tierra,
desde sus pies a la cresta.
Nacerá al fin
el hijo negro
de la noche negra,
de la tierra negra
con el sol en las costillas
dando lumbre a otro cielo.

Así será, gusano de la nueva seda.
Sus pies serán tallo y raíz,
sus manos, garras
coronando la torpeza
de su antigua gracia...

Ese será el castigo,
será ese el espacio
que hallará su ser
porque así debió ser,
porque así se alzan ya,
insignificancias erguidas.

Pero este tiempo,
no los ve.

El hoy tiene ojos sin pies.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – LXII.


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Que sea el Lis de tu Blasón,
la noche,
tempestad de luz
violando la gris materia
que nos agita y nos ronda.

Que sea el Lis de tu Blasón,
la raíz que alumbra
el sueño del alba,
la palma que trama los cielos,
la que cava sepulcros,
ventanas en los jardines oscuros.

Que sea el Lis de tu Blasón
el horizonte, el sol
o que sea nada.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – XIV.


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Máscara hambrienta,
herido el rostro que te sostiene y alimenta
oculta en sus llagas
el viento que sueña todo andar.

Se inflama en gestos
su ardor
y es una sombra prisionera
entre lo mudo y el callar.

Máscara hambrienta,
prisión de lo errante,
en este asqueroso
carnaval de soledades.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – LXXI.


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Perseguir el horizonte,
desde la planta enlodada,
desde la palma cerrada
sobre la tinta
hacia el ojo blanco
de la negra noche,
ventana abierta sobre el jardín
de la muerte atribulada
por el espanto que el hombre
le ha concedido a su gracia.

Perseguir el horizonte
o arrebatarle a los días
la estéril destreza
que les da vida…

Perseguir el horizonte
o ser nada.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – XLVIII.


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El frío que hiere al mundo
silba en el gesto ausente de tu sonrisa
una canción que nadie escucha.

Un gesto amarillo en la placida orilla
de tu carne tendida entre las sombras.

La lluvia que abrió tu vientre
es la sed en la que se hunde mi rostro
y te nombra.

Una mano hiende el aire, cuchillo
que abre los ojos
en la espalda de la noche

Ya no volveremos a ser
lo que nuestras bocas
reclaman en el nombre.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – XLI.



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Un pulso, demiurgo de espanto.
Una contracción en el vientre
del universo.

Libertad.

Insolente gesto.

¡Es tan frágil este barro!

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuevo Libro. Asesinos de Parto – XXI.


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Asesinar la canción
o padecer su ignominia
con la estéril gracia
de los mansos.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli