14 nov 2007

Voluntad.


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Nada queda atrás,
todo es dentro

y en el equilibrio
de la duda

enciendo los fuegos
que jamás se apagarán.

Nada queda atrás,
todo es dentro

y las heridas
se perdonan
si son fértil
tierra abierta
para sembrar mañanas

Nada queda atrás,
todo es dentro.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Solos.


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Cuando me alejé,
tan lejos como ellos
lo estaban de mí.

Cuando borré mi sonrisa
de sus noches
y mi mano de sus copas,

la ausencia agitó su luz
y los astros lloraron la incomprensión.

…Todos nos quedamos solos…

Cuando comprendí qué tan dentro
llevo lo que no creía mío.

Cuando alcé la mano
de mi pecho al sueño
y aun estaban ahí,
y yo dentro, comprendí,

la ausencia agitó su luz
y los astros lloraron la incomprensión.

…Todos nos quedamos solos…


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Piedra sobre Piedra.


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Piedra sobre piedra,
en tu sepulcro de miseria,
se verterá el mudo sudor
que tu cobarde mano
arrancó de los cuerpos sencillos.

Piedra sobre piedra,
diez lustros de dolor
por cada paso ensangrentado,
por cada ignominia a los cansados.

La voz de lo violado,
será un vendaval
en el misérrimo silencio
de tu sueño,
será gigante la simpleza
y su dignidad.

Piedra sobre piedra,
a tu sangre
le negará cobijo la tierra.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Nuestros muertos.


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Las sombras del jardín,
loas cantan de luz y porvenir.
Las sombras del jardín todo lo abrazan,
lo abrasan...
y en la bahía de los ojos,
la noche inmaculada.


Naceremos de entre nuestros muertos.
Naceremos sobre los muertos y lo muerto.
Naceremos de entre nuestros muertos.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

7 oct 2007

Inflamables.




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Perder el sueño por el sueño,
abrir fuego sobre la sangre
como un albor incontenible,
parir a cada segundo
la dicha de ser finitos,
perecederos,
inflamables.

Parir a cada segundo
el alba.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

No permitir.


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El deseo de ser un volcán,
una tempestad
luminiscente.

La voluntad de lograrlo,
de no olvidar,
de no permitir que siembren
niebla sobre las llamas
que se alzan
en el propio centro de mi vida.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Hora sin voz.


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En la hora más profunda de la noche,
en esa hora sin voz,
truena la melodía gimiente
de lo que no me atrevo a cantar.

Es el tiempo de la duda
y el no ver de tanta claridad.
Es el tiempo del temor
y no saber...

Debemos andar.



Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli