19 may. 2008

Si nombro a la noche.


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Si nombro a la noche,
me nombro, me llamo...
tiembla el firmamento,
ausente,
centro, vientre, entrañas
del que soy y no está,
del que me habita y se alejó
en busca del que fui.

Si nombro a la noche
me nombro, me reclamo.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

18 may. 2008

Diálogo.


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- Discúlpame hijo, he visto el esfuerzo que le suscita su pierna al caminar, ¿qué le ha sucedido?
- Nada importante y si me disculpa...
- Sabe, ¿le molesta si lo acompaño?, es que para mí es de vital importancia saber qué le ha sucedido...
-¿Qué puede tener de vital y de importante cómo conseguí esta renguera?
- Puede serlo todo o quizás nada, el futuro de las naciones, el principio del futuro del mundo puede estar dentro de tu herida, detrás del puño que la infringió...
- Ah! que bien... Discúlpeme señor, pero no estoy de humor para hablar de mi pierna y menos ahora que estoy apurado, aparte ya bastante tengo en cargar con ella...
- No te quejes hijo, ese es tu destino y debes saber llevarlo, debes ahondar en él para hallar su centro que no será más que el tuyo, de hecho cosas realmente terribles hay en el mundo, hijas todas del peor mal... ¡La traición! Yo mismo he padecido y padezco aún de ese dolor. Uno de mis hijos, el primer traidor, intentó, hace siglos ya, usurpa mis dominios...
- En eso de la traición estamos de acuerdo, pero ¿no le parece mucho eso de los siglos? está bien que usted sea viejo pero no ha de serlo tanto.
- Yo soy la historia, hijo, y al fin creo que aquel está venciendo. Sus hijos han sido más temibles aun, en ellos se conjugó el odio heredado, ignorante de raíces, la ambición y la inteligencia súbdita de una guerra que ya ha perdido su razón, su nombre y hoy confabula en enormes, terribles palacios... El castigo que les procuré ha sido, al fin, mi propio castigo... Pero dime, ¿qué le ha sucedido a tu pierna?

- Mire, realmente lo siento por usted pero sigo sin entender qué tiene que ver mi pierna en esto, aparte ya le dije que no quiero hablar de eso.
- Tal vez no lo recuerdes. No te sientas culpable por eso, la memoria es algo incierto. Yo, por ejemplo, ya he olvidado sus formas y sufro de tremendos abismos, de increíbles olvidos, todos mis destinos se han hecho uno y minúsculo pero no he sesgado... Sin embargo estoy tan seguro de que eres tú! ¿Has estado en Sinar?, ¿En Betel?
- No creo, estuve en Chacarita, en Palermo y la Boca también en Venado tuerto, en Melincué... ¿En qué provincia quedan?
- Que extraño, hijo, de seguro tu rostro... es tan parecido, ¡aunque mi memoria!... ¿No has estado ahí?
- Me parece que me está confundiendo. En otra oportunidad anduve por Ombuctas, Médanos, ingeniero White, pero de esos lugares que dice no tengo ni idea. Aparte le voy a pedir un favor: no me llame hijo, no soy su hijo...
- De hecho lo eres...
- No señor! Mire usted me está confundiendo, yo no soy ningún traidor ni nada por el estilo, bien que lo estoy respetando. Si usted tiene problemas con sus hijos vaya y háblelo con ellos, no conmigo... Yo no lo conozco y esto se termina acá. Al que sí conozco bien es a mi viejo y no es usted, así que haga el favor...
- Ah, tu padre!! ¿Dónde está él?
- Pero ¿cómo, no me dijo usted que era mi padre y ahora quiere saber donde está?... Usted está mal...
- Está bien, está bien... yo solo pido un poco de paciencia para este anciano débil de memoria... a la deriva en la eternidad. Ya las cosas no son como antes, no para mí... Ah!! La memoria. ¿Cuál es tu nombre, hijo?
- ¡No me llame hijo!... mi nombre es Santiago.
- ¡Jacob!... ¡Jacob!
- ¡¡No, No!! Santiago y no grite que la gente va a pensar que le estoy robando o cualquier cosa, siempre piensan mal de los rengos, más con su facha y gritando. Van a decir que me estoy aprovechando de un viejo greñudo.
- Ah, Jacob!... yo sabía que eras tú...
- Usted no entiende nada, viejo. Le dije Santiago.
- Sí, ya lo sé, esa es la dificultad de este mundo, nada es. Tú no eres quien yo digo y dices ser quien eres... ese es el castigo, cierto!... ese es... se ha perdido el verbo... Ah memoria, que tristes jugarretas me haces padecer. Nada es lo que se nombra, nada vive dentro del nombre, la identidad y lo nombrado ya no son lo mismo, el nombre ya no es lo nombrado.
- Usted está loco. Si yo digo algo es eso y punto, ¿qué más? Ese es un perro... y es un perro, listo. Después alguien le pone un nombre y es un perro con nombre...
- No!! Esa es una convención, es el inútil esfuerzo del hombre por organizar el mundo, darle forma y, así, entenderlo. Es la manera de intentar ser dueño y no parte. El nombre ya no signa un destino, nada es lo que se nombra... nada.
- ¿Y usted quién es?, ¿Cómo se llama?
- Yo soy quien todo lo era, y mi nombre, hijo... Ah, memoria!...
Hace tanto que nadie me nombra que ya lo he olvidado.

Ilustraciones: Lucia Lemmi
Texto: Diego L. Monachelli
Del libro “Los Gorriones Suicidantes”

Sembrar.


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Debemos sembrar los dientes del dragón.

¿Quién será hombre?

¿Quién tendrá el valor
de alzarse en toda su virtud,
de mamífero parlante,
de hinchar el vientre de la tierra
con los colmillos ensangrentados?
¿Quién hallará,
quién vencerá al tirano?

Debemos sembrar los dientes del dragón.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

He partido a olvidar.



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Si la noche ronda
en el umbral
de mis ojos cansados
he partido solo
en busca de algo humano
y no es la noche
ni el cansancio...

He partido a olvidar
que tengo nombre
y la tierra nos reclama...

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

El hambre de los ciegos.



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Habito un seno grávido,
espejo encendido
hacia las orbes fantasmales
que habitan el mañana.

Habito un seno grávido
de láctea calidez,
germen de ensueño
que nutre mi lecho
empinándome entre las heces
de estos réprobos caminos
que han sido mutilados
por la hoz ignorante,
asida con gesto mayestático
por el hambre de los ciegos.

Habito un seno grávido,
espejo encendido
hacia los rostros
que habitan más allá del tiempo...

Seno encendido,
sueño ígneo de los destinos.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Violar el día.


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Qué más da que sea
la muerte o el olvido,
y violar el día en el grito,
y en la herida el cantar.

De mí, sólo queda ese nombre.
De mí, sólo el hastío.

La mañana es una puerta cerrada.

Detrás, nada.


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Fuga.


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Abrir el cerrarse de todo lo que se fuga
y en la fuga
el ser esa sombra que se busca
en la espalda de la noche
y se sabe luz
fuga
y devenir de rabia
acontecida
entre las manos
de lo que calla.

Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli

Destreza de suspiro.


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Exigua caravana,
pábulo de la simiente
que engendra el rumbo.

Mohín ágil,
destreza de un suspiro
que nos atraviesa

como una lanza
de antigua prosapia,
como un sueño,
polen del universo...

Algo regresa,
algo que esculpió tumbas sobre sí.

Algo regresa majestuoso,
como si nunca hubiese partido
y nos da vida...


Fotografía - Texto: Diego L. Monachelli